UNA NUEVA EXPERIENCIA

Puff... he vivido unas experiencias desastrosas con personas que he conocido a través del chat. Pero me lo gané a pulso.

Empecé a engancharme al chat porque tenía unas ganas locas de conocer gente. Estaba muy dolida por una relación que acababa de finalizar, y estaba totalmente obsesionada por conocer a alguien... A rey muerto, rey puesto... o algo así dicen ¿no?.

Estuve como cinco o seis meses sin parar de quedar con gente, la verdad es que no es nada complicado a través de un chat. Te encuentras gente de todo tipo, y cada uno se conecta con una intención; pasar el rato, conocer gente a través de la red, y como es mi caso, llegar a conocer al interlocutor en el mundo “real”. A mí no me preocupaba llegar a conocer mejor o peor a la persona que estaba al otro lado del ordenador, sólo quería quedar con ellos.

Casi todos los fines de semana conseguía tener alguna cita. En ocasiones, las menos, me acoplaba a algún grupo de gente que quedaba para tomar una copa o para ir al cine. Pero lo más normal era que quedara con algún chico, y que pasara o no algo entre nosotros era,simplemente, cuestión de tiempo. Era tal mi obsesión que llegó al punto que ni siquiera me importaba cómo era la persona que estaba frente a mí.

Durante ese tiempo viajé muchísimo, conocí muchos lugares, demasiada gente... Y me harté. Llegó un día que, al levantarme de la cama, me di cuenta que ya valía, que yo nunca había sido así, que esa no era yo. No me encontraba a gusto conmigo misma. Y no estaba bien.

Estuve unos días sin conectarme al chat, pero esa no era la solución. A mí me encantaba chatear, hablar con gente que no tenía nada que ver conmigo, conocer otras formas de pensar... así que no iba a dejar de hacerlo, porque disfrutaba un montón con ello. Sólo tenía que cambiar la fórmula que había estado utilizando hasta el momento, se acabaron las citas de los fines de semana. No pensaba quedar con nadie más.

Seguí con mi vida normal, y cuando llegaba a casa chateaba a ratos, un poquito por la tarde, otro ratito por la noche, charlaba con gente, pero en ningún momento me centré en hablar solamente con una persona, en mantener privados. Y eso incluso me gustaba más, me resultaba mucho más entretenido.

Poco a poco iba desapareciendo mi obsesión por mantener relaciones y conocer gente para no sentirme tan sola. Me encontraba mucho más relajada.

Hablaba con mucha gente, y empecé a hacer amigos. De alguna manera me abría al resto de la gente, contaba mis cosillas y escuchaba, o más bien leía lo que contaban los demás. Estábamos creando, sin quererlo, una pandilla de amigos. Sabía que podía contar con ellos, por lo menos para que me dieran una opinión objetiva sobre lo que me había pasado.

Al llegar la noche me sentaba muy bien poder desahogarme contando lo que había hecho durante el día y conocer cómo vivían otras personas.

De los fijos que coincidíamos todas o la mayoría de las noches éramos cinco, y había un par de ellos que se nos unían de vez en cuando. Pero dentro de un grupo siempre hay alguien con el que congenias mejor, y a mí me pasaba con RETO.

Nos entendíamos muy bien, se le daba muy bien aconsejar, y me estaba ayudando un montón. Yo tenía más o menos superada mi ruptura sentimental, pero me sentía fatal por la forma que había elegido para intentar superarla, por todas aquellas citas que había vivido que no me habían aportado absolutamente nada. Y RETO sabía decir las palabras adecuadas en el momento oportuno, pero sin dramatizar... incluso con estos temas me hacía reír.

Los fines de semana no solía conectarme, ya que otra de las cosas que me había propuesto era restablecer la relación con mis amigos de toda la vida, que entre unas cosas y otras los tenía totalmente abandonados.

Pero ese fin de semana estaba un poco griposa y no quería salir. El sábado había estado leyendo en el sofá la mayor parte del día, pero ya tenía la cabeza aturullada y tampoco me apetecía irme a dormir, así que me senté frente al ordenador y me conecté al canal que solía entrar. Pensaba que no iba a encontrar a ninguno de mis amigos porque ellos ya me habían dicho alguna vez que los fines de semana no tocaban el ordenador para nada.

Me daba miedo no sentirme arropada por ellos y volver a sentir la necesidad de conocer gente, o que alguien me lo propusiera y no decir que no. Pero no tuve por qué preocuparme porque estaban allí. Estaba MAKO y estaba RETO. Los dos se extrañaron al verme, y yo me sentí algo celosa. RETO era mi amigo, éramos los que mejor habíamos conectado dentro del grupo, y no quería pensar que los fines de semana se dedicaba a hablar con MAKO. Pero parece que todo eran coincidencias, a los dos les había surgido algo y habían decidido conectarse porque no tenían otra cosa mejor que hacer. Nos estuvimos riendo un rato pensando que aún nos encontraríamos todos un sábado por la noche chateando... ¿Quién nos lo iba a decir?.

Al poco rato MAKO se fue a dormir. Yo no tenía nada de sueño, había estado todo el día dando cabezadas en el sofá, así que me quedé hablando con RETO.

Cuando me quise dar cuenta eran las cinco de la mañana, y RETO me estaba proponiendo que nos conociéramos:

Total, estamos a una hora de camino en coche. Me dijo.

Me sentí fatal, yo había decidido no tener más citas a ciegas, y él me estaba ayudando a superarlo. No entendía por qué quería quedar conmigo. Es cierto que yo empezaba a sentir algo muy especial por él, y parece que él por mí también. No tenía nada que ver con las citas que había tenido anteriormente. Y así me lo hizo ver.

Quedamos a comer al día siguiente, domingo. Él vendría a verme a Logroño.

Quería que fuese especial, y no se me ocurría dónde podía quedar con él. Así que decidí que le iba a preparar la comida en mi casa. Me parecía algo arriesgado, pero era como si nos conociéramos de toda la vida, y eso me transmitía mucha tranquilidad.

Le di la dirección de mi casa, él había estado alguna vez en Logroño y conocía un poco la ciudad.

Alrededor de la una del mediodía del domingo sonó el timbre. Estaba super nerviosa, terminando de arreglarme, y fui corriendo a abrir la puerta.

Abrí directamente, ni siquiera le dejé hablar por el telefonillo, quería que me sorprendiera todo de él, incluso la voz. Y vaya si me sorprendió... Él no era él... era ELLA.

Cuando abrí la puerta me quedé totalmente inmovilizada, no me lo podía creer. A ella le hizo gracia, ella sí sabía con lo que se iba a encontrar. Me dio un abrazo y un par de besos, y eso me reconfortó. En unos segundos me olvidé de la posible relación que podía comenzar en ese momento y le invité a pasar. Le propuse bajar a tomar una cervecita antes de comer con el fin de relajarme un poco. No podía dejar de intentar recordar retazos de todas las conversaciones que habíamos mantenido, para comprobar si en algún momento me había dicho que era una chica, o simplemente yo había dado por hecho que era un chico. Tampoco tenía la menor importancia, iba a pasar un día con una nueva amiga. Ahora entendía lo que me había dicho la noche anterior:

 No te preocupes, no tiene nada que ver con las citas que estuviste manteniendo en el pasado.

Fue como si nos conociéramos de toda la vida, como si estuviera tomando el aperitivo con una amiga de siempre. Nos reímos un montón, pero, no sé por qué, en ningún momento saqué el tema de mi confusión respecto al sexo de ella. Al subir a casa, y después de enseñarle el piso, entre risas terminamos de preparar la comida. Nos compenetrábamos perfectamente, teníamos los mismos gustos, y era muy similar la forma que teníamos de hacer las cosas.

Después de comer nos fuimos al sofá a tomarnos el café y abrimos una botella de cava que había traído RETO. En el brindis se juntaron nuestras manos y me invadió un hormigueo por todo el cuerpo. Para mí no era normal lo que estaba sintiendo por una mujer y me asusté un poquito, pero ella lo veía con tanta naturalidad que me tranquilizó. Emanaba paz, y se notaba en el ambiente.

Pasamos una tarde muy agradable, como hacía tiempo que no lo pasaba, pero en el fondo yo estaba algo nerviosa, en los momentos que me daba cuenta que estaba intentando seducirla rápidamente rectificaba... será la mezcla del cava y la sorpresa que me he llevado, pensé. Pero llegó el momento en el que tenía que marcharse, se acercó a mí y me dio un beso en los labios, un beso que me estremeció, un beso que despertó en mí sentimientos que tenía dormidos muy dentro.

Cuando RETO se fue me quedé tumbada en el sofá con los ojos cerrados intentando revivir ese momento, con una mezcolanza de sentimiento de confusión y felicidad, y así pasaron horas hasta que el sonido del teléfono me hizo reaccionar. Era RETO, me dijo que si nos conectábamos al chat y charlábamos un ratito. Me pareció una idea perfecta.

Al ver su nombre en la pantalla sonreí.

Tras hablar de cómo había ido su viaje de vuelta, del tiempo y de unas cuantas trivialidades más, me confesó que le había gustado mucho conocerme, que se había sentido muy a gusto conmigo, y que le gustaría que no pasara mucho tiempo hasta nuestro próximo encuentro, siempre y cuando yo estuviera de acuerdo. Al preguntarme qué pensaba de todo esto se me fueron las manos al teclado y escribí algo que nunca me hubiera imaginado:

  Me empecé a enamorar de una persona que para mí no tenía cara, ni voz, ni sexo... Y ahora que lo tiene ¿Qué puede cambiar?.

Para mí es una experiencia nueva. No conozco ese mundo, pero tampoco me da miedo entrar de la mano de RETO.

 

Para mí es una experiencia nueva. No conozco ese mundo, pero tampoco me da miedo entrar de la mano de RETO.

  www.vaneykike.com