El Antílope negro

El antílope es veloz, pero tiene poca resistencia, y termina por ser alcanzado por la manada de hienas. Acorralado y atacado por todos lados, lucha y logra alcanzar con sus cuernos de más de 1 metro de largo a muchos enemigos, traspasándolos. Se defiende bravamente, pero los mordiscos de sus rivales acaban por desangrarlo. Las fieras son muchas, y están hambrientas y desesperadas por el olor de la sangre y la excitación de la lucha. Así, el antílope acaba por sucumbir. Si hubiese escapado, habría retornado a unirse a su harén de tres o cuatro hembras y a su media docena de crías. Para sobrevivir, el antílope no sólo depende de sus cuernos imponentes y su velocidad. Los más viejos y duchos se salvan también por la agudeza y vigilancia de todos sus sentidos. Estos le permiten advertir desde lejos la aproximación de cualquier posible enemigo y huyen entonces a tiempo, seguidos algunas veces por el resto de la manada.