El camaleón


Inmóvil, su cuerpo verde y escamado parece un arbusto. Pero los ojos no se aquietan y giran siempre en todas direcciones para localizar alimentos o peligro. Esta vez se trata de comida: una mosca que vuela próxima. El camaleón la captura en pleno vuelo, sin otro movimiento que el de abrir la boca y proyectar su lengua certera. Después de engullirla vuelve a quedar totalmente inmóvil, con su cola prensil flojamente apoyada en la rama del árbol, sumido en la modorra típica de los lagartos. Para vivir, el camaleón precisa mucho del calor que recibe cuando permanece al sol. Más tarde, cuando siente sed, el animal desciende del árbol para beber. Los camaleones raramente bajan del árbol por otro motivo que no sea la postura de sus huevos (la hembra los pone en agujeros del suelo). Perseguido por todos los carnívoros de pelo o plumas, también por otros reptiles, su refugio más seguro se encuentra en lo alto de los árboles, entre las hojas. El cuerpo no siempre tiene coloración verde. Puede tornarse amarillo, azul, ceniza, negro, blanco, violeta y de una vasta variedad de tonos, de acuerdo con la incidencia de la luz. Sólo algunas zonas más claras, como la franja blanca del vientre, no mudan nunca de color. ¿Cómo varían los colores del animal, y por qué? No es cierto que el camaleón adopte el color del ambiente. La luz influye ( la parte del cuerpo menos iluminada tiende a quedar momentáneamente más clara), pero el factor principal es la emoción. Irritado, el animal se vuelve negro; cuando la hembra lo emociona, se torna blanco, y así sucesivamente. La sed, el cansancio, la saciedad y otras sensaciones provocan la mudanza temporaria de su color siempre causada por estímulos nerviosos que actúan en la piel.