El Hipopótamo


A cierta distancia, dirías que son rocas que afloran en medio del río. Y realmente parecen piedras oscuras. Pero en cualquier momento una de esas "piedras" puede abrir su bocaza: es el enorme bostezo del hipopótamo. Más cerca, podrías advertir las orejitas, los ojos y las narices del animal. Sólo eso puede verse cuando nada. Pero debajo de la superficie flota un corpachón de 3 a 4 toneladas, que llega a medir unos 4 metros de largo por 1,50 metros de altura. ¿Cómo semejante peso puede flotar? Es simple. En primer lugar, en razón de la enorme cantidad de aire de los pulmones y de los gases contenidos en su largo intestino (todos los herbívoros tienen intestinos largos y por eso son, generalmente barrigones). Además, buen parte de su peso corresponde a grasa, que es menos densa del agua. De pronto, el hipopótamo se sumerge, con las aberturas de la nariz cerradas, en procura de las plantas acuáticas que constituyen su alimento; diariamente necesita comer entre 200 y 300 kilogramos de vegetales. Para verlo reaparecer, tendrías que esperar unos cinco minutos, pues el animal controla su respiración. Generalmente el hipopótamo abandona el agua sólo durante la noche evitando los rayos del sol; si el sol lo alcanza, "transpira" una secreción rojiza, oleosa, que protege su piel.